El consumo sirve para pensar

Autor: Ana Sly Hernández Corres

El presente texto tiene como objetivo dar a conocer las ideas principales que se citan en el artículo “El consumo sirve para Pensar”, donde Canclini ofrece diferentes perspectivas sobre el consumo, perspectivas que van más allá de intercambios económicos.
Antes de resumir las ideas principales del artículo, es conveniente decir que Néstor García Canclini, nació en Argentina en el año 1939, estudió letras e hizo un doctorado en Filosofía en 1975 en la Universidad Nacional de la plata. Actualmente es profesor distinguido y Director del Programa de estudios sobre Cultura Urbana en la Universidad Autónoma Metropolitana (Departamento de Antropología), e Investigador Nacional de Excelencia, designado por el Sistema Nacional de Investigadores de México (2003-2012).
El artículo “El consumo sirve para pensar”, es un texto en el que el autor da una respuesta a las preguntas ¿qué significa consumir? Y ¿cuál es la racionalidad-para los productores y para los consumidores-de que se expanda y se renueve incesantemente el consumo?, así mismo explica según su perspectiva que el consumo va más allá que el acto mismo comprarse un coche, una cámara fotográfica o algo que nos haga sentir satisfechos, tratando de darle un enfoque desde la comunicación y la recepción de bienes simbólicos. A continuación cito las ideas principales del texto:
El consumo se puede entender con teorías que lo abordan desde diferentes perspectivas como son: la economía, la política, la antropología y la sociología, sin embargo, no existe una teoría sociocultural que lo explique.
El consumo es el conjunto de procesos socioculturales en que se realizan la apropiación y los usos de los productores, a partir de esto el consumo es comprendido, ante todo por su racionalidad económica. es el lugar en el que se completa el proceso iniciado al generar productos, donde se realiza la expansión del capital y se reproduce la fuerza de trabajo. Desde tal enfoque, no son las necesidades o los gustos individuales los que determinan qué, cómo y quiénes consumen, si no que depende de las grandes estructuras de administración del capital el modo en que se planifica la distribución de los bienes.
El autor cita a Manuel Castells, quien menciona que el consumo “es un sitio donde los conflictos entre clases, originados por la desigual participación en la estructura productiva, se continúan a propósito de la distribución y apropiación de los bienes”. ”. Consumir es participar en un escenario de disputas por aquello que la sociedad produce y por las maneras de usarlo.
También existe la influencia del consumo en la política, cuando los líderes desde esta perspectiva realizan acciones para la obtención de votos.
El consumo se puede apreciar como un lugar de diferenciación y distinción entre las clases y los grupos, ha llevado a reparar en los aspectos simbólicos y estéticos de la racionalidad consumidora. En este aspecto es como se toma de manera común, cada persona consume lo que consume gracias a sus posibilidades y en mayor medida a la necesidad de estar colocado en cierta posición que le brinde reconocimiento en el grupo social al que pertenece. Los bienes sirven como medios de diferenciación.
Otra de las ideas principales del texto de García Canclini es que “debemos admitir que en el consumo se construye parte de la racionalidad integrativa y comunicativa de una sociedad”, es decir, el autor refiere que algunas corrientes del pensamiento posmoderno llenan la atención de manera opuesta a lo descrito en los párrafos anteriores, los escenarios del consumo son para los autores posmodernos como lugares donde se manifiesta con mayor evidencia la crisis de la racionalidad moderna y sus efectos sobre algunos principios que habían regido el desarrollo cultural. Ahora bien, el autor se hace dos preguntas con respecto al sentido del consumo; ¿Cómo diferenciar las formas del gasto contribuyen a la reproducción de una sociedad de las que la disipan y disgregan? Y ¿Es el “derroche” del dinero en el consumo popular un autosaboteo de los pobres, simple muestra de su incapacidad de organizarse para progresar?, Canclini responde estas preguntas desde la frecuencia en que estos gastos se asocian a rituales y celebraciones. Mediante los rituales, dicen Mary Douglas y Baron Isherwood, los grupos seleccionas y fijan gracias a acuerdos colectivos, los significados que regulan su vida. Los rituales sirven para “contener el curso de los significados” y hacer explícitas las definiciones públicas de lo que el consenso general juzga valioso. Son rituales eficaces aquellos que utilizan objetos materiales para establecer los sentidos y las prácticas que los preservan. Cuanto más costosos sean esos bienes, más fuerte será la inversión afectiva y la ritualización que fija los significados que se le asocian.
Además de lo anterior existe la conducta de consumo compulsivo, en las conductas ansiosas y obsesivas ante el consumo puede haber como origen una insatisfacción profunda, según lo analizan muchos psicólogos. Pero en un sentido más radical el consumo se liga, de otro modo, con la insatisfacción que engendra el flujo errático de los significados, como comprar objetos, colgárselos en el cuerpo o distribuirlos por la casa, asignarles un lugar en un orden, atribuirles funciones en la comunicación con los otros, con los recursos para pensar el propio cuerpo, el inestable orden social y las interacciones inciertas con los demás.
Canclini menciona que al estudiar el consumo cultural en México se ha encontrado que la separación entre grupos hegemónicos y subalternos no se presenta ya principalmente como oposición entre lo propio y lo importado, o entre lo tradicional y lo moderno, sino como adhesión diferencial a subsistemas culturales con diversa complejidad y capacidad de innovación: mientras unos siguen a Brahms, Sting y Carlos Fuentes, otros prefieren a Julio Iglesias, Alejandra Guzmán y las telenovelas venezolanas.
Es así que la reflexión más importante del texto radica en que el consumo se debe realizar como actividad reflexiva, racional, que no se trate de un impulso arrebatado e inútil. Es por esto que se definen los siguientes requisitos:

a) una oferta vasta y diversificada de bienes y mensajes representativos de la variedad internacional de los mercados, de acceso fácil y equitativo para las mayorías.
b) información multidireccional y confiable acerca de la calidad de los productos, con control efectivamente ejercido por parte de los consumidores y capacidad de refutar las pretensiones y seducciones de la propaganda y
c) participación de los principales sectores de la sociedad civil en las decisiones del orden material, simbólico, jurídico y político donde se organizan los consumos desde la habitación sanitaria de los alimentos hasta las concesiones de frecuencia radiales y televisivas, desde el juzgamiento de los especuladores que ocultan productos de primera necesidad hasta los que administran informaciones clave para tomar decisiones.
Con lo anterior, el consumo no es un mero intercambio de mercancía, sino debe considerarse como parte de relaciones socioculturales complejas.  Así el consumo se mostrara como  un lugar de valor cognitivo, útil para pensar y actuar significativa, renovadoramente, en la vida social.

Referencia documental:
García Canclini, Nestor. (2005). El consumo sirve para pensar. Recuperado de: http://www.uacj.mx/icsa/cys/CulturaySociedad/Unidad1/consumo.htm accesado el 23 de noviembre de 2005
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