Los estudios sobre el consumo cultural en México


Resumen elaborado por: Nolasco Morán Pérez

Este texto es un resumen del artículo de Ana Rosas Mantecón publicado con el mismo nombre del título, en el libro “Estudios y otras prácticas intelectuales latinoamericanas en cultura y poder”. Daniel Mato (compilador). Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Caracas, Venezuela. 2002. 
La autora es Profesora e investigadora de tiempo completo, Titular "C", en el Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, en la ciudad de México. Estudió la licenciatura en Antropología Social, en la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa (UAM-I). 
Obtuvo el título profesional con la tesis sobre vivienda y organización popular en Tepito. Fue posteriormente publicada por la UAM-I con el título “Los usos de la identidad barrial. Una mirada antropológica a la lucha por la vivienda en Tepito (1972-1984)”. De igual manera, estudió la maestría y el doctorado en Ciencias Antropológicas, en la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Su tesis de doctorado, lleva por título; “Auge, ocaso y renacimiento de la exhibición cinematográfica en la ciudad de México. 1930-2000”.
El artículo es un documento que describe las características de los estudios de consumo cultural que se han venido realizando a partir de fines de la década de los noventa. 
Enmarca cuales han sido las posibles causas contextuales por el que este tipo de estudios han cobrado auge en México. Habla sobre la labor importante que ha venido desempeñando Garcia Canclini en el impulso de estas investigaciones en la Universidad Autónoma Metropolitana. 
Explica con respecto a estos estudios que: 
1. Se desarrollan vinculando la comunicación con la cultura. 
2. Que en ellos predomina el desarrollo de investigaciones empíricas sobre las reflexiones teóricas, lo que en otro artículo de Gilberto Giménez también se comenta. 
3. Menciona además como en torno a estos estudios se han realizado tanto esfuerzos individuales, grupales y multidisciplinarios, y termina su análisis incluyendo algunos comentarios finales a manera de conclusión.

Los conceptos e ideas centrales que maneja la autora son:
El desarrollo de los estudios sobre consumo cultural en México se debe a una serie de transformaciones sociales y políticas que se han impulsado desde tres ámbitos: instituciones gubernamentales de cultura, espacios académicos e industrias culturales.
Con respecto a porque anteriormente no se hicieran investigaciones sobre públicos, consumo y recepción de bienes culturales, indica que “…el diseño e implementación de las políticas culturales se desenvolvió a lo largo del siglo en un contexto antidemocrático que consideraba innecesarias las evaluaciones sobre su relación con las necesidades y demandas de los públicos. Con contadas excepciones, las instituciones oficiales carecían de diagnósticos que les permitieran formular, evaluar y reorientar con claridad sus políticas.”
Esta situación problemática se explica de alguna manera porque “ …en México no existe un ordenamiento sistemático y comparativo de las estadísticas culturales, ni algún organismo dedicado al estudio de este campo.”
De la misma forma argumenta que bajo estas condiciones prevaleciente en los años setenta y ochenta las primeras investigaciones dirigidas sobre consumo cultural en museos no tuvieron continuidad ni contagiaron inmediatamente a otras áreas de la cultura y pone como ejemplo a los estudios iniciados por Rita Eder la cual inauguró el estudio del público de arte en México.
Con respecto a las circunstancias en las que emergieron con fuerza los estudios de consumo cultural, Mantecón señala que en los noventa “la ciudad de México comenzó a elegir a sus gobernantes y se multiplicaron las asociaciones civiles que representaban a sectores antes marginados del sistema político, o que carecían de voz para reclamar. Las instituciones gubernamentales se vieron cuestionadas y comenzaron los sondeos sobre los destinatarios de sus acciones”
En este contexto sociopolítico es donde surgen dos conjuntos de investigaciones, ambas coordinadas por Nestor García Canclini y que según Mantecón “…ejemplifican el impulso que recibió la investigación académica frente a estas demandas institucionales y que definió una de las características de la investigación sobre consumo cultural en México: su estrecha vinculación con el tema de las políticas culturales”.
Se hace énfasis que bajo estas circunstancias “…una política cultural democrática requiere superar las formulaciones dirigistas y vincular orientaciones globales con demandas reales de la población, los estudios de consumo se veían como necesarios tanto para la adecuada formulación de políticas culturales como para su evaluación”.
Más adelante Mantecón, formó parte del grupo de investigadores de García Canclini, los cuales realizaron a solicitud del Gobierno del D.F. el estudio titulado “Públicos de arte y política cultural. Un estudio del II Festival de la Ciudad de México”. La segunda de las investigaciones, también coordinada por García Canclini, y titulada Los nuevos espectadores. Cine, televisión y video en México (García Canclini, coord., 1994), fue patrocinada por el Instituto Mexicano de Cinematografía.
Uno de los obstáculos para justificar la importancia de los estudios sobre consumo cultural ha radicado en el lugar común que lo confina al espacio del ocio o el uso del tiempo libre, concibiéndolo como lugar de lo suntuario y lo superfluo. En este sentido se menciona que los trabajos de Carlos Monsivais poco a poco fueron brindando legitimidad a esta temática que durante años se había considerado como intrascendente. Estos trabajos pecaban según Mantecón de abuso de conjeturas y ausencia de investigación empírica.

Un segundo impulso a los estudios sobre audiencias se dio por el intercambio y debate entre investigadores y fue alimentado de manera relevante por el exilio de varios de ellos (en México García Canclini Y Mabel Piccini). También fue destacada la influencia de la obra de Jesús Martín-Barbero, quien vivió un tiempo en México y mantuvo un diálogo permanente con intelectuales como Carlos Monsiváis.
Los estudios de públicos en México se desarrollan vinculando la comunicación con la cultura en la década de los noventa y pone como ejemplo a Jorge González y Guillermo Orozco el primero en Colima el otro en la ciudad de México “Tanto los trabajos impulsados por estos investigadores, como los que les siguieron, miraron los procesos de consumo cultural ya no desde la comunicación sino en el contexto de los procesos socioculturales”.
Citando a Sevilla nos dice que esta estudiosa se interesó por detallar “…cómo el proceso de modernización en el país ha generado tendencias dominantes en el desarrollo cultural, tales como la creciente privatización de los espacios públicos, la implantación de la lógica económica y de la ganancia en las políticas de consumo cultural y la relevancia de la cultura transmitida a través de los medios electrónicos”.
Una característica que ya Gillberto Giménez había remarcado de los estudios que sobre cultura se han realizado en México y que Mantecón retoma es que en este tipo de estudios ha predominado lo empírico sobre las reflexiones teóricas. Solo da como referencia el esfuerzo realizado por García Canclini, quien en un texto introductorio a la compilación de los trabajos reunidos en El consumo cultural en México (1993), discute teóricamente el concepto de consumo cultural y los modelos que se han utilizado para explicarlo.
Es de destacar como hace énfasis Mantecón que “Las técnicas cualitativas han venido a potenciar los resultados de la encuesta, dado que una práctica cultural no puede ser cuantificada y descrita sólo por medio de un porcentaje, puesto que dicha práctica siempre se realiza dentro de una constelación de otras prácticas y actividades dentro de las cuales tiene sentido, se origina y se transforma en el tiempo. Pero los antropólogos también se han beneficiado del mutuo aprendizaje, ya que se empieza a abatir la otrora tradicional resistencia en la disciplina a recurrir a técnicas cuantitativas para contextualizar y complementar las observaciones etnográficas”.
Sobre los comentarios finales Mantecón precisa que “…en México No existe ningún espacio académico en el país dedicado específicamente a la formación de profesionistas en este terreno… no se cuenta con especialistas en los centros de investigación especializados en las diversas artes (pertenecientes al Instituto Nacional de Bellas Artes), ni en los muy pocos que están dispersos en algunas universidades del país, que tengan la formación y experiencia adecuadas para realizar este tipo de estudios, cuya naturaleza es esencialmente interdisciplinaria (sociología de la cultura, antropología social, semiótica, estética de la recepción, estadística, comunicación, psicología social, etcétera)”.
El impacto de los estudios de público ha sido aún limitado sobre el diseño y evaluación de políticas culturales en México. En ocasiones los estudios se realizan y se reciben por una estructura burocrática que no está diseñada para recibirlos y para transformarse en función de lo que plantean, lo cual dificulta el que las investigaciones sobre los públicos tengan el impacto deseado.
Finalmente afirma que “el estudio del consumo cultural se sigue planteando como un desafío teórico y metodológico. Teórico, porque no se ha construido aún un enfoque transversal capaz de describir y explicar los procesos de consumo cultural, que son regulados por racionalidades diversas (económicas, políticas, simbólicas) y que se encuentran íntimamente vinculados a una gama amplia de prácticas y fenómenos sociales que los atraviesan y condicionan; metodológico también, puesto que no se han evaluado suficientemente los alcances y límites de la aplicación de técnicas cualitativas (como la entrevista individual y grupal, la historia de vida y el relato, el análisis del discurso, la observación participante, etc.) y cuantitativas (la encuesta) en el estudio del consumo y la recepción artística”.
Para finalizar este resumen se puede comentar que las ideas planteadas en el mismo tienen una gran aplicabilidad en el sentido que aporta información de lo que se ha hecho en consumo cultural y de lo que queda por hacer. Por otro lado, nos da elementos para entender que la combinación de técnicas cuantitativas y cualitativas permiten conocer los fenómenos desde una perspectiva más integral y que es de suma importancia el trabajo multi e interdisciplinario para el correcto enfoque y desarrollo de estos estudios. Me deja claro también la trascendencia e importancia que tiene este tipo de estudios en el contexto social actual donde los cambios en los diferentes ámbitos de la vida se van dando de una manera vertiginosa y en donde las políticas culturales juegan un papel importante para dar dirección y sentido a dichos cambios. Solo que si no contamos con la información suficiente y si además esta información no es divulgada y compartida, los grupos sociales más desprotegidos serán los directamente afectados de una manera negativa. Por otro lado los grupos, empresas y corporaciones privilegiadas con el acceso a la información y conocimiento en esto del consumo cultural desde la perspectiva económica serán las beneficiadas.
En este marco los estudios sobre lo cultural y el consumo en particular deben mediar para aportar información que permita entender los fenómenos culturales. Más relevante se vuelve este tipo de investigación en un estado pluricultural como lo es Oaxaca, donde se cuenta con 25 % de la riqueza cultural concretizada en 16 grupos étnicos y su diversidad de expresiones gastronómicas, artesanales, de lenguas, vestido y conocimientos ancestrales que si no se estudian y atienden debidamente desde las políticas de las instituciones académicas y gubernamentales, se perderá gradualmente dicha riqueza, sin haberse asumido con la debida anticipación las decisiones y acciones más adecuadas a los cambios y transformaciones acelerados que la globalización económica y tecnológica está provocando.

Referencias:
Rosas Mantecón, Ana. (2002). Estudios y otras prácticas intelectuales latinoamericanas en cultura y poder.

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