EDUCACION y CIENCIA: Entre el sujeto y el objeto, entre el conocimiento y la comprensión

EDUCACION y CIENCIA: Entre el sujeto y el objeto, entre el conocimiento y la comprensión


Autor: Nolasco Morán Pérez

En la perspectiva tradicional de la ciencia positivista, sólo lo que es percibido por los sentidos es medible, es objetivo y por lo tanto puede ser conocido. Este enfoque es aplicable a los fenómenos físicos y naturales, en la medida que sus “objetos de estudio” son solo objetos a los que nos se les atribuye ninguna conciencia, y que mediante el método experimental son estudiados en ambientes artificiales controlados. Con respecto a esto Morín (1999), plantea que las mismas cosas no son cosas, es decir objetos cerrados, aislados, separados del todo, pues lo que aísla un objeto destruye su realidad misma, los mismos objetos no pueden ser conocidos en su complejidad real, cuando son separados de sus contextos y realidades particulares y globales.

Al aplicar esta perspectiva a las relaciones humanas se tiene por un lado al sujeto que indaga, que investiga de manera “objetiva”, a un sujeto que se convierte en objeto que debe ser conocido, el sujeto se “cosifica”, se deshumaniza y en esa misma medida se deshumaniza el sujeto-conocedor. Por un lado, está el sujeto que sabe y conoce, y por el otro, el “objeto-sujeto” que debe ser conocido mas no comprendido, por que la comprensión implica el encuentro de subjetividades, la empatía, el reconocimiento, y esto atenta en contra de la “objetividad”, que implica desde esta perspectiva el distanciamiento, la diferenciación y la separación, el no involucramiento de emociones y sentimientos. Al respecto Castañeda (2000), afirma que: “Vivimos en un mundo dominado por la lógica técnica, económica y científica, en el que existe la ilusión casi palpable de que tan sólo parece real aquello que es cuantificable. Desgraciadamente ni el amor, ni el sufrimiento, ni el placer, ni el entusiasmo, ni la poesía entran en la cuantificación”.
Desde esta perspectiva el sujeto-observador es incapaz de observarse a sí mismo, y observa al otro, desde sus marcos conceptuales y culturales. Conoce desde su perspectiva al “objeto-sujeto” pero no logra la comprensión de sí mismo ni del otro, parcializa, y fragmenta su propia realidad y la complejidad de la realidad humana.

Pero en las ciencias humanas la relación sujeto-objeto cambia por la de sujeto-sujeto, el conocimiento no solo tiene que ver con la objetividad sino con el encuentro de subjetividades, de intereses, de perspectivas, de visones y cosmovisiones culturales que se entretejen con las características biológicas propias del hombre y la mujer. En la relación sujeto-sujeto se conoce, se reconoce y se comprende, se integran y articulan visiones, se encuentran subjetividades y se trascienden las barreras culturales. El sujeto observador se relaciona con otro sujeto observador, ambos buscan en el proceso observarse, conocerse y comprenderse. Por otro lado, debemos ser concientes de la imperfección y límites del conocimiento ya que según Morín (1999: 5): Un conocimiento no es el espejo de las cosas o del mundo exterior. Todas las percepciones son a la vez traducciones y reconstrucciones cerebrales, a partir de estímulos o signos captados y codificados por los sentidos; de ahí, es bien sabido, los innumerables errores de percepción que sin embargo nos llegan de nuestro sentido más fiable, el de la visión. Al error de percepción se agrega el error intelectual. El conocimiento en forma de palabra, de idea, de teoría, es el fruto de una traducción/reconstrucción mediada por el lenguaje y el pensamiento y por ende conoce el riesgo de error.
La comprensión incluye y trasciende al conocimiento, la comprensión implica conocer, empatar, reconocerse uno en el otro, incluye la aceptación del otro. La comprensión nos hace más humanos, mas tolerantes e incluyentes, nos hace entender que somos seres inacabados, que siempre habrá en nosotros algo profundo e incomprensible que escapa a nuestra conciencia y a nuestra objetividad... la comprensión de uno mismo y de los demás siempre se acompaña de un cierto grado de incomprensión que en palabras de Morín (1995: 108), implica “… la imposibilidad de ser totalmente conciente de lo que ocurre en la máquina de nuestro espíritu, que comportará siempre algo fundamentalmente inconsciente”.

La idea de la comprensión humana que comparto desde la perspectiva de Morín (1999. 56), se puede entender como: "…conocimiento de sujeto a sujeto. Si veo un niño llorando lo voy a comprender sin medir el grado de salinidad de sus lágrimas y, encontrando en mí mis angustias infantiles, lo identifico conmigo y me identifico con él. Las demás personas se perciben no sólo objetivamente, sino como otro sujeto con el cual uno se identifica y que uno identifica en sí mismo, un ego alter que se vuelve alter ego. Comprender incluye necesariamente un proceso de empatía, de identificación y de proyección. Siempre intersubjetiva, la comprensión necesita apertura, simpatía, generosidad".

Esta idea de comprensión humana que pasa por un conocimiento de sí mismo y del otro, es fundamental en la época actual que estamos viviendo, reconocernos en nuestra humanidad imperfecta, entender lo que separa al hombre de su humanidad y de otros seres igual que él, entender profundamente lo que nos es común y nos une y apostar por esto último, es la única vía de recobrar la armonía, el equilibrio y la sustentabilidad planetaria y de la especie humana.

El siglo del conocimiento y de la información, o la era planetaria como la ha llamado Morín, se caracteriza por las innovaciones tecnológicas que han facilitado las comunicaciones y la generación de información y conocimiento de una manera global.

Hoy las tecnologías facilitan la comunicación y la generación sobreabundante de información, lo paradójico, es que hoy pareciera que la mayoría de los sujetos pareciéramos estar menos informados, con mayores problemas para comunicarnos, entendernos y resolver por vías pacificas nuestros problemas, también pareciera que el conocimiento que tenemos de nosotros mismos y de nuestro entorno natural no bastaran para afrontar la problemática ecológica, social y económica presente. La aceleración y la velocidad con que se está generando información y conocimiento, es una “carrera loca” que no nos dejan ver con claridad el camino que vamos transitando, ni nos permite percibir que el conocimiento desarticulado, fragmentado generado por la ciencia sin conciencia, por la ciencia sin corazón, por la ciencia deshumanizada, controlada por el pensamiento hegemónico positivista y de la “objetividad”, que se reproduce a través de los sistemas educativos, que impactan los sistemas de investigación y los sistemas económicos y políticos mundiales, nos están llevando a una situación caótica que impacta la ecología y pone en peligro a la especie humana.

En este contexto, hoy se nos presenta el reto de reflexionar profundamente el papel que ha desempeñado la educación y la ciencia en la generación de información y de conocimiento, en la formación de los ciudadanos comunes y corrientes y de los que hoy gobiernan el mundo. En este sentido Morín (1999:1), menciona que “Es muy reciente el hecho de que la educación, que es la que tiende a comunicar los conocimientos, permanezca ciega ante lo que es el conocimiento humano, sus disposiciones, sus imperfecciones, sus dificultades, sus tendencias tanto al error como a la ilusión, y no se preocupe en absoluto por hacer conocer lo que es conocer".

El reto es repensar nuestro pensamiento, y modificarlo, para transformar las formas en que hemos enseñado y aprendido, porque la educación es la fuerza de hoy y del futuro, en el prefacio del libro de Morín, “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” Federico Mayor (1999: 7) ex director de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), al respecto afirma:
La educación es "la fuerza del futuro”, porque ella constituye uno de los instrumentos más poderosos para realizar el cambio. Uno de los desafíos mas difíciles será el de modificar nuestro pensamiento de manera que enfrente la complejidad creciente, la rapidez de los cambios y lo imprevisible que caracteriza nuestro mundo. Debemos reconsiderar la organización del conocimiento. Para ello debemos derribar las barreras tradicionales entre las disciplinas y concebir la manera de volver a unir lo que hasta ahora ha estado separado. Debemos reformular nuestras políticas y programas educativos. Al realizar estas reformas es necesario mantener la mirada fija hacia el largo plazo, hacia el mundo de las generaciones futuras frente a las cuales tenemos una enorme responsabilidad.
“Los 7 saberes necesarios para la educación del futuro” obra de Edgar Morín, se vuelve un texto clave para asumir el reto educativo que permita transformar el pensamiento actual y gradualmente ir construyendo las bases para una nueva educación, una ciencia con conciencia, un conocimiento y una comprensión más integral de lo humano, lo social y lo ecológico. Es un texto que por la claridad y profundidad de sus ideas permite contextualizar la problemática actual y además abre los caminos para iniciar la búsqueda y construcción de una nueva educación y un nuevo paradigma, donde la complejidad es el eje y motor de las indagaciones.

En la nueva educación los nuevos conocimientos deben hacernos conscientes de lo que en común compartimos como humanidad, desarrollar nuestra comprensión, solidaridad, tolerancia, respeto y valorización de las diferencias culturales. Formarnos una conciencia del ciudadano planetario y de la tierra-patria que nos impulse a conservar y cuidar con esmero la especie humana y la naturaleza, en este sentido la ética de la comprensión es parte fundamental porque: “La ética de la comprensión es un arte de vivir que nos pide, en primer lugar, comprender de manera desinteresada.... La ética de la comprensión pide argumentar y refutar en vez de excomulgar y anatematizar… La comprensión no excusa ni acusa: ella nos pide evitar la condena perentoria, irremediable, como si uno mismo no hubiera conocido nunca la flaqueza ni hubiera cometido errores. Si sabemos comprender antes de condenar estaremos en la vía de la humanización de las relaciones humanas” (Morín: 1999: 50-51).

Por otro lado, la nueva educación debe apuntar a un pensamiento ecologizado que permita comprender que la conciencia ecológica requiere un doble pilotaje que según Morin (1996:9) uno es profundo y “…viene de todas las fuentes inconscientes de la vida y del hombre, y otro, que es el de nuestra inteligencia consciente”. Entender profundamente la relación dialógica de complementariedad y antagonismo que existe entre el hombre y la naturaleza, y apostar más por la complementariedad, ya que el equilibrio, la armonía y la sustentabilidad de uno es la sustentabilidad del otro, y la permanencia de ambos.

...hoy sabemos que sólo podemos valorar verdaderamente al hombre si valoramos también la vida, y que el respeto profundo hacia el hombre pasa por el respeto profundo hacia la vida. (Morín, 1996: 10)


FUENTES CITADAS:

Morín Edgar. 1995. Mis demonios. Editorial Kairós. Barcelona, España. 291 páginas
Morín Edgar. 1996. El pensamiento ecologizado. CNRS, París Fuente: Gazeta de Antropología Nº 12, 1996 Texto 12-01 http://www.ugr.es/~pwlac/G12_01Edgar_Morin.html

Morín Edgar. 1999. “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” Traducción de Mercedes Vallejo-Gómez, Profesora de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín-Colombia Con la contribución de Nelson Vallejo-Gómez y Françoise Girard

Castañeda Javier. 2000. Edgar Morin: "El siglo del conocimiento puede ser el siglo de la ceguera" http://www.baquia.com/com/20001025/art00021.html accesado el 24 de noviembre de 2009.
Share on Google Plus

0 comentarios:

Publicar un comentario