La comunicación en el siglo XXI: de la tecnificación de la comunicación a la comunicación del hombre.


Antonio Emmanuel Berthier*


Resumen: En este texto el autor expone brevemente la contraposición que parece configurarse entre dos formas de comprender el fenómeno comunicativo en la sociedad del siglo XXI: el intercambio informativo basado en la creciente y cada vez más eficiente tecnificación de la emisión y recepción de mensajes y la comunicación orientada a la comprensión entre sus participantes.

Abstract: In this paper the author gives a brief overview of the opposition that seems set between two ways of understanding the communication phenomena in the twenty-first century society: information exchange based on the growing and increasingly efficient modernization of the transmission and reception of messages and communication aimed at understanding among its participants.






*  Profesor Investigador del Grupo Emergente de Investigación de la Universidad Mesoamericana Oaxaca, email: antonioberthier@yahoo.com



El siglo XXI inició con expectativas desiguales para quienes miran a la sociedad moderna desde la perspectiva de la comunicación. Los sucesos que desde finales del siglo pasado están dibujando lo que serán las primeras décadas del nuevo siglo no son, para la gran mayoría de habitantes del planeta, sólo acontecimientos o cosas que ocurren en el mundo. Son sobre todo acontecimientos dentro de la comunicación y para la comunicación. El conocimiento que poseemos de nuestro nuevo hábitat global se encuentra perfectamente ubicado como contenido informativo de los medios de masas. Su presencia omniabarcante preforma nuestra experiencia de la cosmópolis y genera un vacío entre ésta y la micro polis que nos es inmediata. La comunicación masiva del nuevo siglo logra cotidianamente la bifurcación de nuestro mundo global y nuestra experiencia individual tan exitosamente como antaño, pero ahora, paradójicamente, mientras más avanzan y se desarrollan las llamadas “nuevas tecnologías” de la comunicación que escinden el mundo, más se van acercando las partes separadas: hoy es tan distante Marruecos como cercana son las expresiones artísticas que ahí se producen. Sabemos que Kabul se encuentra en un lugar del mundo que probablemente nunca visitaremos pero en la proximidad de nuestro estudio podemos mirar por internet las noticias que de la guerra que ahí tiene lugar. La paradoja ciertamente no es nueva pero nos mueve a reflexionar sobre las posibilidades, las debilidades, los retos, los posibles triunfos y fracasos que enfrentará la comunicación en el siglo XXI.

La tecnificación del delivering


En la década de los años cuarenta del siglo XX, en los laboratorios Bell, Claude Elwood Shannon desarrolla su teoría matemática de la comunicación poniendo con ello la plataforma de desarrollo para la comunicación a escala global. La idea básica de Shannon puede sintetizarse en los siguientes principios:

i.                     Podemos tratar a la información como unidad física, esto es, como masa o materia.
ii.                   El proceso de comunicación consistirá, entonces, en lograr trasladar una determinada “masa” de comunicación de un lugar a otro con la menor ingerencia de ruido posible.
iii.                  Para lograr este traslado se debe “modular” la masa informativa fraccionándola de acuerdo a la capacidad del soporte comunicativo (canal).
iv.                 Se requiere, por tanto, una unidad de medida para la comunicación o “bit” cuyo valor es constante y representa el monto total de información que se desprende en cada selección informativa: .5
v.                   Este principio de transmisión puede ser aplicado a todas las formas de comunicación conocidas.

Este modelo (el modelo de Shannon y Weaver) será la pieza clave para el desarrollo de las telecomunicaciones del mundo de posguerra. Su comprobada efectividad se debe a la simplicidad matemática con la que opera y su máxima aportación la ha tenido en el ámbito del desarrollo de los sistemas de información y la tecnología digital de telecomunicaciones. Podemos decir que sobre este el modelo de comunicación descansa la forma como comprendemos la comunicación en la sociedad contemporánea pero aún más, es el más adecuado para entender cómo se ha configurado la relación entre el hombre y la comunicación a finales del siglo XX.

Para Shannon, el problema fundamental de toda teoría de la comunicación lo representaba lo que en su teoría se denomina delivering o recepción exitosa del mensaje. Shannon acepta que dentro de la comunicación existen dos problemas fundamentales: el problema de cómo hacer llegar un mensaje a un punto determinado (delivering) y el problema de cómo garantizar la comprensión de ese mensaje (understanding). Shannon sostiene al momento de diseñar su teoría que el problema de la comprensión queda fuera del ámbito de la teoría de la

comunicación siendo en sí mismo un problema de carácter psicológico o sociológico. El hecho de que un mensaje pueda o no ser entendido dependerá tanto de la disposición psíquica de su destinatario potencial como del entorno lingüístico, educativo y socioeconómico en el que se encuentra ubicado. Sin embargo, a pesar de la relevancia que este problema supone, para Shannon, éste es ajeno a toda consideración desde una teoría matemática de la comunicación. El problema que le corresponde resolver a esta teoría es el relativo a cómo lograr la transmisión exitosa de un mensaje en un medio con potencial presencia de ruido. Si el delivering resulta exitoso, la teoría ha logrado su cometido. A partir de esta decisión de teoría se parece dibujar la escisión que el fenómeno comunicativo presentará en lo que restaría del siglo XX. Por un lado la comunicación es entendida como una realidad eminentemente humana y social, donde los involucrados son hombres reales que intercambian significados capaces de modificar sus estados de conciencia y sus formas de interacción social; por otro lado queda la comunicación de Shannon entendida como separada de lo humano, formalizada matemáticamente y despojada de su carácter simbólico. Para esta concepción de la comunicación, el problema técnico de la transmisión ocupa el lugar central dejando de lado toda consideración sobre su dimensión humana.

La definición clásica de información que provee la teoría matemática de la comunicación es aún más reveladora de su carácter meramente técnico: información es considerada toda selección de un cúmulo de selecciones posibles. La información para Shannon no posee rostro, o mejor aún, es irrelevante el rostro, el contenido y las motivaciones que preceden a la comunicación. La información es una selección realizada por una fuente anónima, abstracta, a partir de un cúmulo de posibilidades inespecíficas de comunicación. Lo que se diga, cómo se diga o para qué se diga posee dentro de la formalidad matemática de la teoría la misma expresión numérica: .5. La arquitectura teórica de Shannon nos permite diseñar sistemas de transmisión y recepción de información que funcionan de igual manera para cualquier tipo de mensaje, sea una declaración amorosa o una declaración de guerra, sea una comunicación educativa o un delito

cibernético. Lo importante es la efectiva transmisión del flujo modulado de información.

Las consideraciones éticas que se desprenden de este planteamiento parecen ser evidentes. La tecnificación de la comunicación implica el abandono de una concepción de la comunicación como un intercambio energético vital para el hombre. En la comunicación se socializan las conciencias, en la comunicación se debaten los problemas de las comunidades humanas, en la comunicación se produce el arte, se perpetúa la religión y se transmite la cultura. Pero en una comunicación tecnificada el hombre real es suplantado por una abstracción. El hombre auténtico sólo se presenta a la luz de la teoría como insinuado, como “dado por hecho”. La indiferencia de la teoría hacia los asuntos morales forma parte fundamental de su efectividad: ¿cómo poder asimilar a la ecuación de modulación la variable que nos indique si la información es apropiada o inapropiada, si conlleva la posibilidad de sometimiento de una parte con respecto a la otra o si se da en condiciones de asimetría? Estas cuestiones harían imposible la resolución del problema del delivering pues le añadirían un factor subjetivo, o mejor aún, simbólico cultural que impediría su ejecución. La telecomunicación en la sociedad moderna nos brinda situaciones concretas donde esta suplantación de lo humano se hace evidente: la madre que ha perdido a su hijo en un accidente automovilístico que es presentada en los noticieros bombardeada por preguntas estériles; programas de entretenimiento donde la degradación de las relaciones familiares es exhibida y criticada por la audiencia; violencia mitificada como forma de entretenimiento cinematográfico, la invasión de la vida privada de los personajes públicos, el espionaje cibernético realizado tanto por particulares como por agencias gubernamentales especializadas; la producción y comercialización de pornografía que involucra la corrupción de menores; etc. Todo esto es comunicable aun y cuando pudieran existir mecanismos de control para su difusión por parte del sistema jurídico y político. La tecnología nos ha hecho vulnerables, nos expone cotidianamente a la información no deseada y con ello incrementa el nivel de tolerancia hacia lo inmoral. De ahí

que la bifurcación del mundo de la que hablábamos al principio conlleva también la bifurcación de la esfera moral entre lo que en la comunicación es permitido y en la vida cotidiana no: una persona puede reconocer como algo inmoral el tener relaciones sexuales con un menor pero al mismo tiempo puede visitar páginas pornografía infantil en la internet. Los dispositivos tecnológicos hacen posible que cada vez más la información se independice de las decisiones institucionales y fluya con relativa facilidad al encuentro con el hombre abstracto, con el “usuario” o “destinatario” de la información; estos términos evidencian con claridad la neutralidad moral con la que se considera a quien participa de la comunicación.

El regreso a la comunicación del hombre



Si bien la teoría matemática de la comunicación y sus aplicaciones en la sociedad moderna carecen de una dimensión normativa que permita reflexionar sobre su relación con el hombre, en las teorías que tratan el problema de la comunicación desde finales del siglo XX encontramos una visión que opera en sentido opuesto: un regreso al hombre real que participa de la comunicación en su vida cotidiana. Jürgen Habermas, en su teoría de la acción comunicativa plantea una visión normativa de la sociedad que coloca en el centro de su propuesta el concepto de acción comunicativa como una forma de actuar que no se encuentra orientada por una racionalidad instrumental (encaminada a la obtención de fines egoístas) sino por una racionalidad que el autor denomina “comunicativa” orientada a la obtención de consensos acerca de cuestiones sustantivas. Habermas distingue dos niveles distintos de la comunicación: por un lado podemos participar de ella  en el ámbito de la acción donde las relaciones de poder afectan la comunicación generando asimetría y por el otro podemos participar de ella en el nivel del discurso donde los participantes de la comunicación someten a juicio las pretensiones de validez que se sustentan sus actos de habla con el propósito de llegar a un entendimiento. Es aquí donde podemos hablar de acción comunicativa como una forma de producción de actos lingüísticos orientada por una racionalidad comunicativa y donde los participantes establecen relaciones sociales

simétricas a nivel del discurso. ¿Cómo podemos lograr en la realidad la realización de este ideal normativo para la comunicación?. Habermas propone la utilización de un ideal contra-fáctico, la situación ideal del habla, como el modelo con el cual comparar nuestros procesos discursivos de tal manera que podamos aproximarnos cada vez más a una acción orientada comunicativamente. Si bien esto resulta difícil dentro de los intercambios de información en el nivel de la vida cotidiana afectada por relaciones asimétricas, en el nivel, aparentemente impersonal de la telecomunicación alcanzar una racionalidad comunicativa se antoja imposible. El gran reto de la comunicación del siglo XXI será alcanzar este nivel discursivo donde la comunicación no sea un evento separado de cuestiones éticas sino el vehículo más adecuado para su planteamiento y resolución. Puede enunciarse este desafío de la siguiente manera: ¿cómo puede la comunicación reorientarse y nuevamente ser una comunicación del hombre y no una comunicación para sus impostores abstractos, sin por ello renunciar a las ventajas que trajo consigo el proceso de tecnificación como el acceso a la información y la relativa libertad de expresión? La gran ironía de nuestro tiempo es justamente cómo el hombre al desarrollar medios más eficaces de comunicación ha prescindido de sí mismo, se ha “hecho a un lado” dejándole el papel primordial dentro de la comunicación a la información. El universo de sentido que la comunicación es capaz de perpetuar y reorganizar es imposible sin el espíritu que lo produce y recrea constantemente, él es el que comunica, el que propone y el que acepta o rechaza la información. Toda comunicación con sentido es una comunicación humana y por lo tanto conlleva la responsabilidad moral que el ser humano adquiere para consigo: la reflexión ética acerca de cómo actuar en el mundo sabiendo que el otro (alter) comparte ese mundo. Un sistema de comunicación que prescinda de dicha responsabilidad quedará en el vacío, se aferrará a la posibilidad técnica de su ocurrencia pero se verá desprovisto de su carácter humano originario, esto es, quedará desprovisto de sentido.

El reto de la comunicación en el siglo XXI será emprender exitosamente el camino de regreso al hombre. Deberá restablecer la unidad escindida entre la cosmópolis

y la micro polis, entre lo distante y lo inmediato, entre el hombre y su mundo. La comunicación del hombre no puede ser reducida a contenido informativo de los medios de masas aunque por estos medios sea difundida. Este transitar, este volver al origen no puede ser indiferente a las ventajas de la tecnificación, pero sobre todo, no puede ignorar la dimensión moral que subyace a toda comunicación producida por el hombre. Solo así nuestra experiencia del mundo a través de los medios de comunicación será experiencia auténtica.

Referencias



Habermas, Jürgen (2001) Teoría de la acción comunicativa. Tomos I y II. Taurus, Madrid.

Shannon, Claude. (1948) A Mathematical Theory Of Comunication. en Bell  System Technicall Journal vol. 27, julio y octubre. p.p. 379 – 423; 623 – 656.
Share on Google Plus

0 comentarios:

Publicar un comentario